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COMUNICACIÓN Y PRENSA
N O T I C I A S
Las redes de inmigración ilegal controlan ya la prostitución de menores en Castelló
[ Levante EMV 20/11/2005 ]

En el año 2004, diez jóvenes menores de edad denunciaron ante la Guardia Civil que estaban siendo explotadas sexualmente por redes de inmigración ilegal, un dato que ha disparado la señal de alarma entre las fuerzas de seguridad del Estado, ya que coloca a la provincia a la cabeza del país en este tipo de actividades delictivas, según un informe de la Unidad Técnica de la Policía Judicial de la Benemérita.
Nueve de las menores captadas eran extranjeras -en su gran mayoría rumanas- y tan sólo una de nacionalidad española. ¿Pero cuál es el origen de este supuesto florecimiento de la explotación sexual de menores en la provincia?
Según ha podido saber este diario, el repunte estadístico de este tipo de delitos podría ser sólo la punta del iceberg, lo que preocupa a la Guardia Civil. En los últimos meses las unidades de investigación de este cuerpo han intensificado el seguimiento de supuestas redes de inmigración ilegal, a las que se considera responsables de la proliferación de la explotación de menores. A los ojos de los investigadores parece evidente que existe una conexión íntima entre las redes que trafican con seres humanos y las actividades de los pedófilos de la provincia.
La primera conclusión a la que llega la Policía Judicial es que el mercado del sexo con adolescentes y niñas se ha vuelto más complejo, en gran medida a causa del importante crecimiento de la población inmigrante, sobre todo de ciudadanos rumanos. Por otro lado, el mercado de jóvenes ha dejado de ser una actividad individual de pederastas aislados para convertirse en un negocio bien organizado que rinde cada año beneficios millonarios.
En su radiografía, la Guardia Civil ha detectado diferentes estratos que configuran la prostitución de menores. En el primer eslabón de la cadena se sitúan los pedófilos, que demandan prostitutas de edad juvenil. Para contactar con ellas suelen recurrir a clubes de alterne, donde se concentra el mayor número de meretrices extranjeras. Y es aquí donde la investigación policial se complica, ya que no es fácil entrar en ese mundo, ni siquiera para los agentes infiltrados más avezados. Por regla general todos los clubes de alterne de la provincia suelen disponer de licencia administrativa para trabajar con prostitutas adultas con documentación autorizada en España.
Ningún local ofrece abiertamente servicios sexuales con menores. Pero eso sería simplemente la fachada. Según fuentes policiales, en la trastienda de estos locales se mueve un auténtico negocio alternativo que está controlado por los intermediarios. Se trataría de una especie de testaferros u hombres de paja, muy vinculados a los directivos de los clubes, pero que actúan por su cuenta para evitar que la empresa tenga problemas con la Policía o la Guardia Civil. De esta manera, el trabajo del intermediario consiste en proporcionar prostitutas jóvenes al cliente a través de canales ocultos y con la mayor seguridad.
Una vez que el pedófilo entra en contacto con el intermediario del local, éste empieza a mover sus hilos en el turbio negocio de la prostitución. Y es aquí donde entran en juego las mafias ilegales de tráfico de seres humanos, que ofrecen al testaferro las adolescentes de que disponen. En su mayoría son rumanas o chicas del Este que carecen de documentación legal en el país y que están amenazadas de muerte por la banda. Han llegado a España engañadas y tienen que trabajar para poder pagarse el viaje.
«El club de alterne siempre queda al margen de la transacción y aunque los responsables del local suelen ser extranjeros, detrás siempre hay capital castellonense», explica un agente de la Policía.
Una vez que el contacto se ha realizado entre el cliente y el intermediario sólo falta llegar a un trato sobre el precio. «En este tipo de servicios sexuales con menores se barajan cantidades muy elevadas por una sola noche, y esto es lo que hace atractivo el negocio para estas bandas», explican las mismas fuentes. La chica suele tener entre 15 y 17 años, aunque también las hay más jóvenes. Cerrada la venta, el interesado puede tener acceso a la chica fuera o dentro del local, aunque generalmente la relación se lleva a cabo en viviendas privadas, ya sea del propio cliente o de la organización.