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COMUNICACIÓN Y PRENSA
N O T I C I A S
Prostitución, de la calle al museo
[ El Universal on line 28/11/2005 ]

HAMBURGO.- ¿Quién no sabe en Alemania que el mundano puerto de Hamburgo tiene la incómoda fama de ser "la capital de la prostitución" del país y las calles Herbertstrasse, Reeperbahn y Grossa Freiheit son tres direcciones obligadas en los folletos turísticos de la ciudad? ¿Qué turista extranjero o marinero que llega al puerto deja de visitar el famoso barrio St Pauli y mirar las vitrinas de la Herbertstr, la única calle del país que está cerrada en sus extremos por sólidas murallas de metal y cuya entrada está prohibida a los menores de 18 años?
Es cierto. Hamburgo huele a prostitución, la calle Grosse Freiheit es conocida por sus clubes nocturnos donde la cópula humana se vende como los circos venden a sus payasos y la Reeperbahn por sus centros eróticos donde la mercancía es de sexo femenino, en su mayoría extranjera, y cuya única misión en la vida es ejercer el oficio más antiguo del mundo.
Pero, a pesar de la fama que tiene la oferta sexual de Hamburgo, el mundo de la prostitución sigue estando rodeado por la polémica, el sensacionalismo y la miseria humana que rodea a sus protagonistas sigue estando cubierta por un interesado velo de silencio.
La discreta cortina de silencio se vino abajo, el 4 de noviembre pasado, gracias a una valiente iniciativa del Museo del Trabajo, que tuvo el coraje de inaugurar una exposición, bajo un título provocador: "Trabajo sexual. Prostitución, vida y mitos", el primer intento serio para mostrar la otra cara del oficio en un museo que tiene su sede en la "capital de la prostitución" de Alemania.
El paseo por el mundo de la prostitución comienza en una sala pintada de rojo, donde el visitante puede observar diversas herramientas de trabajo, como látigos, cadenas, ropa interior brillante, zapatos y un enorme vibrador, de tamaño casi animal, que se exhibe junto con un letrero que dice: "Se puede tocar".
También hay pequeños ejemplos de que las trabajadoras del sexo son seres humanos con sentimientos.
Un pequeño osito de peluche, que alguna vez sirvió de compañía y consuelo a su dueña, cuelga de la pared; más allá, varios calcetines usados, zapatos con tacones infinitos y el facsímil de una carta escrita por una mujer que se enamoró de su proxeneta.
El salón rojo es sólo el comienzo de un viaje que lleva al visitante a través de un pasillo con puertas a ambos costados y adornado con pequeñas vitrinas, que muestran la ropa de trabajo de los protagonistas de la exposición y pequeñas biografías. Las diferentes puertas invitan a conocer el trasfondo, el mundo sórdido y solitario de las trabajadoras del sexo y los riesgos a los que están enfrentados, como la droga, el comercio humano, las enfermedades y la historia del oficio contada a partir de 1860, cuando Hamburgo permitió la creación del primer "barrio rojo" de Alemania.
"Todos los objetos que se exhiben son verdaderos", dice Elisabeth von Dücken, la organizadora de la muestra, "y detrás de cada objeto se esconde una historia personal". Como los zapatos con tacones enormes que usó una mujer que trabajó en la Herbertstr.
Con los tacones, la mujer golpeaba el vidrio de su vitrina para atraer clientes.
Doce pequeñas habitaciones resumen la vida íntima, las miserias personales y las condiciones de trabajo de las prostitutas, pero los organizadores de la muestra no cayeron en la tentación de intentar despertar sentimientos eróticos entre los visitantes, una posibilidad que le habría restado calidad y seriedad a la exposición.
La exposición también recuerda con la exhibición de un pequeño paquete de condones marca Vulcan Sanex y algunas fotografías, que el ejército de Adolfo Hitler reclutó a la fuerza a miles de mujeres para internarlas en burdeles reservados a los soldados que combatían en los territorios conquistados.
En pleno apogeo de la guerra la orgullosa Wehrmacht llegó a controlar a más de 500 prostíbulos.
El ejercicio de la prostitución fue legalizado en Alemania en 2002 y todos los días, más de un millón de personas recurren a los servicios de hombres y mujeres a lo largo y ancho del país.
"El trabajo sexual representa un considerable factor económico en Alemania", dice Elisabeth von Dücken, al recordar que unas 200 mil personas, en su mayoría mujeres, ejercen el oficio.
El volumen estimado anual de negocio tampoco es despreciable: 14 mil millones de euros.