Cuando a finales del 2004 se puso en marcha el primer programa de ayuda a las mujeres víctimas de la prostitución en Albacete, se encontraron con que en la capital había una quincena de casas de cita. Hoy, tres años después, la trabajadora social que realiza el trabajo de campo de este programa estima que habrá unas 50 «aunque podrían ser más» y que en ellas ejercen la prostitución en torno a medio millar de mujeres.
La gran mayoría son extranjeras y, de éstas, un porcentaje altísimo proceden de Paraguay. Quienes conocen la prostitución, estiman que la red paraguaya empezó a 'exportar' mujeres a España para prostituirlas en 1999, pues en ese año se registraron los primeros pasajes comprados y envíos de remesas de dinero.
Según Gracia Sánchez, es esta red la que principalmente opera en Albacete y Cuenca, «la prostitución es muy poliédrica y no se pueden extrapolar los datos, nada tiene que ver lo que pasa en Alicante con lo que ocurre en Madrid, pero la situación en Albacete y Cuenca es muy parecida».
LA CASAS DE CITA
Un fenómeno propio de Albacete
Aunque no existe ningún estudio sobre la situación de la prostitución en Albacete, esta trabajadora social acaba de terminar uno en la vecina provincia de Cuenca por encargo del Instituto de la Mujer. En esta provincia hay unas 475 plazas en clubes de alterne, por las que al cabo del año pasan unas 1.600 mujeres y de éstas un 83% son paraguayas.
El fenómeno de las casas de cita en la capital sí que parece haber proliferado mucho más en Albacete que en la capital conquense, «¿porque en Cuenca hay tres y en Albacete son cincuenta?, pues porque aquí la demanda es mucho mayor, hay más puteros», mantiene esta trabajadora social que asegura que a Albacete llegan clientes «desde Villena hasta Yecla».
Esta trabajadora social cree que aunque las primeras mujeres víctimas de la prostitución llegaron a través de una red de trata organizada que se estableció en estas provincias, con el tiempo ya no todas llegan mediante una organización criminal sino que «entre ellas mismas terminan reclutándose». Así, nos encontramos con que «hay una masificación de mujeres que llegan a los clubes de alterne» y que después de unos tres meses ejerciendo la prostitución pagan los 2.700 ó 3.000 euros de deuda que han contraído con la organización. Es entonces cuando muchas dejan los clubes de alterne «que están en carreteras, aislados y donde no todas tienen esa soltura de tener que alternar antes del acto sexual» para entrar en casas de citas.
Esta evolución de la prostitución ayuda a entender el por qué de esta proliferación de pisos donde se comercia con el sexo, pero la verdadera causa, recuerda Gracia, está en la demanda «no hay más casas de citas porque haya más mujeres, sino porque hay demanda de prostitución».
Aunque hay mujeres que «saben perfectamente a lo que vienen», -algo que «no exime de responsabilidad y de pena» a los prostituidores, recuerda Gracia-, todas sienten «repulsión» hacia lo que tienen que hacer pues son chicas muy jóvenes que no habían ejercido la prostitución antes de salir de su país. «Cuando conoces a jóvenes que llevan en el club sólo una semana, ves lo difícil que es, como han tenido que romper con su vida, pero una vez aquí no les queda otro remedio que hacerlo, porque tienen que pagar la deuda que han contraído para viajar aquí».
SOS A LOS PODERES PÚBLICOS
Lo difícil que es salir de la prostitución
Cuando pasan los tres meses de estancia en España permitidos con visado de turista y se quedan en situación irregular, «todavía se vuelven más vulnerables», lo que dificulta aún más que escapen de la red y salgan de la prostitución.
Sólo acogerse al artículo 59 de la Ley de Extranjería, que ofrece permiso de trabajo y residencia a quienes colaboren con la policía, les puede ayudar a legalizar su situación en el país, pero el proceso no es fácil pues «la información debe de servir a la policía y la mujer debe estar dispuesta a colaborar a lo largo de todo el proceso judicial, pues de lo contrario se le puede revocar esa ayuda».
Hace ya un tres de años que la Federación Progresista de Asociaciones de Mujeres y Consumidores de Castilla-La Mancha (Fepamuc) lanzó un SOS a los poderes públicos sobre este problema social, sin embargo, esta entidad que preside Maite Malagón cree que las administraciones siguen sin «mojarse» lo necesario para que estas chicas puedan ejercer «sus derechos como personas».
Desde Fepamuc hacen lo que pueden. En 2004 empezaron con un programa de intervención socio sanitaria, que llevan a cabo con ayuda de la Consejería de Sanidad y del Ayuntamiento de Albacete.
Visitan las casas de contacto para informar a las mujeres sobre el virus del VIH, las enfermedades de transmisión sexual y facilitarles la tarjeta sanitaria. Cuando alguna tiene la moral muy baja, las ponen en contacto con Pilar, una psicóloga que desde el año pasado les echa un mano dándoles un apoyo incondicional, «sin juzgarlas».
EL REGRESO TAMPOCO ES FÁCIL
Una ciudad llamada 'Villa Euro'
La depresión y los problemas de autoestima conviven con estas mujeres, «han venido aquí a buscar dinero -explica Pilar- pero de repente ya no saben ni qué hacen aquí, se pierden». «Algunas, -continúa esta psicóloga-, al plan- tearse regresar a su país, les preocupa pensar que allí se cuente lo que han hecho en España ya que, aunque estamos a miles de kilómetros, muchas proceden de una misma zona, y eso les agobia». Aunque, según Gracia, la emigración a España de las mujeres paraguayas para ejercer la prostitución es una realidad conocida al otro lado del charco. «Hay un pueblo, Santa Cecilia, a la que ya se la conoce como Villa Euro», -por la gran cantidad de chicas que han viajado a España y envían remesas de dinero a sus familiares-, «y allí -continúa esta trabajadora social- la comunidad es plenamente consciente de a qué vienen sus mujeres».
Para tratar de comprender esto hay que saber que allí las mujeres «son las jefas del hogar». Muchas, pese a su juventud, tienen entre 18 y 25 años, ya asumen cargas familiares, hijos y otros familiares a los que deben de mantener. Y, según Gracia, su objetivo no es venir a España y después reunir aquí a su familia, «como sí pueden hacer las de Bolivia o Ecuador», sino que desde Paraguay lo habitual es que vengan un año y medio o dos a ganar dinero y luego regresar a su país. Así que, mientras la mujer está en España envía dinero a su país para construir una casa para su familia, ahorrar dinero o montar allí un negocio.
FALTA DE RESPUESTA
Trabajo, vivienda y abogados
Pese a ello, explica que muchas pasan por un momento de «cansancio, de decir que no pueden más» y es entonces cuando manifiestan su deseo de «normalizar y estabilizar su vida». Es entonces cuando se plantean salir de la prostitución y quedarse en España, «pero cuando tantean esta posibilidad, como ven que la respuesta es negativa porque el compromiso político por ayudar a estas mujeres es nulo, terminan volviendo a la prostitución y ya sí, con miras a marcharse a su país».
Es aquí donde alza su voz Maite Malagón. «Faltan recursos que son muy necesarios y aunque llevamos tiempo trabajando con las chicas vemos que no se avanza». Fepamuc tiene, digamos en lista de espera, a 38 mujeres que dicho incluso por escrito que quieren salir de la prostitución, pero que necesitan ayuda.
¿Qué ayuda? Vivienda y empleo son sus dos necesidades básicas. Por ello, reclaman pisos de alquiler de bajo coste para estas chicas y también que se les facilite el acceso a una formación laboral, acompañada de unas «becas de estímulo, para que pudieran vivir mientras salen de la prostitución». Mientras llegan estas ayudas, esta asociación ya ha echado una mano a algunas mujeres a dejar la prostitución, para ganarse la vida trabajando en el sector de la dependencia, sobre todo cuidado de mayores, y en hostelería. Además, desde Fepamuc hicieron un llamamiento a abogados y procuradores para que, de una manera altruista, colaboren con esta organización que está dispuesta a personarse como acusación particular en los juicios que se celebran contra redes de trata y prostitución.